Es una de esas curiosas casualidades por las que la Antártica no ha sido evangelizada.(No es que las hermanas misioneras deseen conservar su anonimato, es que con antifaz se sienten Batman)



El Caballero de la mano en el pecho aprovecha un monográfico de retratos del degenerado Greco para montar un club de aficiones comunes.
Que atrapados estamos! huy!
Al final Angela Lansbury, enternecida por las proclamas de la anciana escandalizable, se une a ella rasurándose su cacho pelazo. Ambas emprenden una nueva etapa vital como presentadoras del teletienda de Tena Lady.
Alguien robó el pelazo de Angela Lansbury mientras posaba para unas fotos.
Edvard Munch gusta de pintar en la playa despelotado.