

Todo le había salido bien a Don Antonio de Covarrubias hasta que una pequeña
corriente de aire en el Louvre acaba por descubrir su huida.
El Greco asegura desconocer su auténtico paradero.

(que conste que hoy no sale ni un solo rabo y ya me ha costao resistirme! todo por la audiencia)






El Caballero de la mano en el pecho aprovecha un monográfico de retratos del degenerado Greco para montar un club de aficiones comunes.